1883/1970
La firma de moda Nina Ricci adquiere
su nombre de su creadora quien, desde bien pequeña, vivió en un marco
indiscutiblemente dedicado a este mundo en las dos ciudades de la moda por
excelencia: Milán y París.
Con tan solo 22 años, Nina Ricci, o lo que es lo mismo Maria Adélaïde Nielli (casada con Luigi Ricci) comenzó a trabajar como directora creativa de una casa de costura. Posteriormente, dedicó 20 años de su carrera a la marca Raffin, donde trabajaba como diseñadora hasta que, en 1932, y de la mano de su hijo, Robert Ricci, decidió lanzar su propia firma, que llevaría su nombre.
El éxito le llegó pronto a esta diseñadora artesana, que trabajaba cada una de las prendas con sus manos directamente sobre el maniquí, y como consecuencia de su clásico, romántico y elegante estilo, aunque, en ocasiones, se atrevía a romper moldes. Uno de sus diseños más atrevidos y que causó verdadero furor fue un vestido con cuello halter, cuyo pronunciadísimo escote iba desde el cuello hasta la cintura.
A Nina Ricci le encantaban los colores suaves y los estampados, especialmente las flores, un motivo muy recurrente en sus creaciones. La elegancia y romanticismo de sus vestidos los hacían dignos de las damas de la alta burguesía, quienes componían su principal clientela en aquellos años.
Tras una carrera llena de éxitos, Nina Ricci paró de diseñar a la edad de 70 años. Sin embargo, nunca dejó de supervisar cada una de las creaciones que llevaban su nombre hasta su muerte en 1970.
Con tan solo 22 años, Nina Ricci, o lo que es lo mismo Maria Adélaïde Nielli (casada con Luigi Ricci) comenzó a trabajar como directora creativa de una casa de costura. Posteriormente, dedicó 20 años de su carrera a la marca Raffin, donde trabajaba como diseñadora hasta que, en 1932, y de la mano de su hijo, Robert Ricci, decidió lanzar su propia firma, que llevaría su nombre.
El éxito le llegó pronto a esta diseñadora artesana, que trabajaba cada una de las prendas con sus manos directamente sobre el maniquí, y como consecuencia de su clásico, romántico y elegante estilo, aunque, en ocasiones, se atrevía a romper moldes. Uno de sus diseños más atrevidos y que causó verdadero furor fue un vestido con cuello halter, cuyo pronunciadísimo escote iba desde el cuello hasta la cintura.
A Nina Ricci le encantaban los colores suaves y los estampados, especialmente las flores, un motivo muy recurrente en sus creaciones. La elegancia y romanticismo de sus vestidos los hacían dignos de las damas de la alta burguesía, quienes componían su principal clientela en aquellos años.
Tras una carrera llena de éxitos, Nina Ricci paró de diseñar a la edad de 70 años. Sin embargo, nunca dejó de supervisar cada una de las creaciones que llevaban su nombre hasta su muerte en 1970.
Tras la retirada de la diseñadora italiana, su hijo,
Robert Ricci, deja al mando de la creatividad de la firma a Jules-Francois
Crahay quien contó, desde su primer desfile, con una gran aceptación,
garantizada por la feminidad de sus creaciones. Sin embargo, en 1963 Crahay
abandona Nina Ricci para dirigir Lanvin, y es sustituido por Gerard Pipart. Sus
vestidos de encaje con aplicaciones al más puro estilo de la firma y vestidos
de seda diurnos le garantizaron pronto el éxito.
En 1998, 28 años después de la muerte de Nina Ricci y habiendo conseguido un
imperio tal que la diseñadora nunca habría imaginado, Mariano Puig compra la
empresa y pone al mando del diseño a Massimo Guissain. Al mismo tiempo, la
dirección creativa queda en manos de Natalie Gervais, que fue sustituida en
2001 por James Aguilar. Sin embargo, ninguno de los últimos diseñadores de la
marca ha sido tan genial como Olivier
Theyskens, un mago de la aguja que nos ha regalado los diseños
más aplaudidos de la casa. Sin embargo, como consecuencia de los deseos de
reorientación de la estrategia y de unas colecciones más fáciles de
comercializar, Theyskens fue sustituido por el actual director creativo, Peter Copping, un despido que ha sido de
lo más criticado por los grandes entendidos de la moda.
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